Putos breves

Micro blog del original http://putosbreves.blogspot.com/

“Escuchás cómo suenan en tu marcha mental las escupidas de tu hermano mayor en la tierra del pueblo donde dicen que un actor de Buenos Aires de nombre Alberto y de apellido Mazzini”, le escuchás decirte, “recaló con una obra de teatro que te deslumbró a vos y a tu colita ya un poco hirsuta, y a tus 9 años en un depósito oscuro detrás del Teatro Verdi, el actor se hizo el macho con vos. Te creyó un enano en realidad. Pero vos tuviste, en la pija del actor del que se comenta hasta hoy su expansible capacidad para acomodarse solito hasta tres vergas a la vez, como Islas, vos, ahí, sin entenderlo pero ahí, en esa carne, vos, cuando toda la descarga actoral dejaba marca en el ojete del enano que el actor creía que eras vos, y todo, pero todo lo que el budismo tibetano te quiso decir y todo lo que vos creías, calladito y rechonchito como eras en Wheelrigth, que irías a tener. Pero te creció el pelo y tapó cuanto orificio había para que discurriese lo que dentro confunde lo que es con, por ejemplo, una tarjeta sin contacto. Quisiste pero no fuiste. Voy a tener no es lo mismo que tendré. Negociar con uno mismo es una forma posible de futuro. Pero, si lo espacial de la materia es lo visible para ser digamos, y esa magnitud que viene en realidad nunca está viniendo sino que martiriza el valor del mérito, entonces, así, no teniendo en qué entretener el cuerpo y con la manifestación de lo inútil como lo que tendré después de ahora, ahí, un enlace interno podría procurarme aquello que voy a tener. Ojalá suceda”. Tu despertar es sombrío.
Una claridad rencorosa le ilumina, por dentro, el lóbulo frontal de su cerebro. Procura que la desdicha no lo aborde, no lo asalte desde por ahí. Suele hacerlo. Sabe que la lucidez es un terrible pero necesario acontecimiento mental que debe producirse para redescubrirlo todo. Lo logra. Una planicie de divagación menos, piensa, que ni lo verbal, ni lo sintáctico, ni lo semántico pueden restringir ahora las decisiones que otros obraron en su propio nombre y en nombre de todos. Aunque después de todo se ve que de palabra hay poca gente, algunos tratan de no profanarse. Será difícil aplicar esto a todos. Las ilusiones discriminan.
La pelotudez de decir dogmas insoportables y testarudos no es una condición humana. Pelotudongo es para adentro. Esto deberá ser dicho lo suficiente para no ser alcanzado por la vacilación. No sea fantástico. No debe alcanzar nada en particular. No hay que detenerse. Yo no estoy. Eso escuchó adentro.

“Lo que es un tema es el ano. Nadie habla del ano. O, más bien, quienes se aventuran en la luz pública a desenmarañar con sondeos sensibles de espacio cercano pero ignorados quedan siempre con el público en general”, digamos. “La psicología y Marx fueron, después del billete, las mejores ideas venidas inventos y líneas de pensamiento de tenerlo todo –pero todo- en la cabeza”, digamos, “como se dice en el mismo ritmo de expansión, de real apertura, de irrefrenables, irreparables y auténticas necesidades de –en el que está siendo culeado- pedir dolor sin mencionarlo, de evidencia número 35 de que `algo hicieron` con nosotros. Por algo sucede que el conducto por donde se aloja temporalmente nuestra mierda por nuestro propio cuerpo fabricada, sale después según el cómo de cada uno y de todos cómo venimos de todo”, digamos, “la mierda sale en formato sorete, soretito (llamado `conejito`) y soretazo (algunos aseguran raptos epifánicos con éstos), o en despliegue, en pavo real sale nuestra mierda, y ahí es donde entra un pedazo duro de carne latente y vibrante y ajena que por donde estaba nuestra mierda arremete irrespetuoso e irresponsable la propiedad del lugar. Y el culeado o la culeado ahí pide y toda la historia de camas de la occidentalidad barroca se puede ver cuando pija, mano, trencito, USB, la revista Paparazzi enrollada, todo cuanto empuje y guste entra en el gesto único y entero del culeado que más de un chongo notó las injurias sobre las significantes de los significados de ser masculino. Como una falta notan los chongos, como que algo fue devorado por controles sintomáticos a la hora de repartirse quién se quedaba con los casos de los místicos y sexuales comemierda. Nadie nos explica nada”. 

"Refulgencia", de Leonel Giacometto

Enciende avanzadas invenciones del mundo en lo subcutáneo suyo. Es como un complejo motor migratorio interno, una sucesión repentina de cuestiones que más o menos tienen que ver con la palabra “amor”. No debería seguir manejando su Peugeot 207, pero si no se apura no llegará a la oficina y será la sexta o séptima vez en menos de 15 días que se atrasa entre 30 y 45 minutos. Será echado y ya no podrá pagar las cuotas del auto. Esto no es un decir. Tiene un jefe de apellido Berguer, hijo de un presunto industrial armenio de apellido oculto.  Pero sigue ligero el encendido gentil y sigue adelante y se enciende y justifica todas las anteriores patinadas emocionales por no saber cómo darlo, cómo recibirlo y, ni siquiera, cómo huele el amor cuando es medio estúpido. Dobla en Santiago y aún le falta, bastante. Se llama como muchos, tiene 38 años y nació en Firmat. Calvo a la fuerza, es de las personas que necesitan tratamiento para los problemas de presión arterial. Encendido todo, es uno de los arquitectos de la fábrica de cocinas industriales que está en Mitre y Pasco. En Corrientes, intersubjetivo, un refucilo.  Resplandece sin oponerse al semáforo. Es requerido, esperado, reservado, semejante, sólido en medio del clima que fuese, es un transitivo pero regular superyo que doma el ello, es lo mismo que ciertas fórmulas químicas, es un peligro por supuesto, y refucila todo. El amor, ahí, es una verdadera dimensión prendida luz que se le enciende no redonda, sino en espiral. Alguna forma de la verdad que puede ser escuchada y que no asusta ni hiere ni mata ni culpa se le enciende ahora. Captura todo pero en el rapto del rejunte ocultas causas que lo adormecen, lo reducen de golpe con toda la captura pronta y con radiaciones claras. Pero aún así se queda como con una nueva clase de inepto cuya falta de resistencia sobre sí mismo lo enfrenta casi de una forma grotesca contra el paredón frontal de la fábrica. Muere calcinado en menos de 10 minutos.

Todas las acciones corporales devenidas siempre de bardos por decir aprovechados que deslumbran, que atemorizan, que fabrican todos los gestos que se desparraman en los cuerpos de Gene Hackmann, de Angélica Huston, de Ben Stiller, de quién te puso Gwyneth Paltrow, de Owen Wilson y del hermano, Luke, que es mejor pero que siempre se confunde con no me acuerdo quién pero hacía hasta no hace mucho una serie por FOX, o Warner no sé ahora pero no era Sony eso seguro porque era más bien una comedia que ahora mismo me da la impresión de que sí es Luke Wilson el de la serie y el de la caravana de tristezas que te matan literalmente de risa y de pena, igual que la otra del símil Cousteau y el cosito ése debajo de profundidad oscura del océano, como esa lucecita que del coso ése sale y donde están todos amontonados y duros, mirando por las ventanillas, cada uno como cultivando y desarrollando técnicas de transformación de la percepción de andá a saber qué se les revela ahí que como hondo y gracioso te pone, pero triste, tanto como Bill Murray con quién te puso Gwyneth y el sonido irreproducible por abusados hasta la pérdida del tono dónde los signos de puntuación ya no alcanzan, en inglés, el cómo de “¿¡Vos fumás!?”. Eso sos vos. Pero en pasado. 
La persona que responde con un “perdonate vos” a la previa acción nuestra de haber pedido perdón, piensa Andrés Letonia, de haberle pedido perdón más bien, no creo que esa persona esté legítimamente significando algo hacia el otro más que el reforzamiento de la culpa que el emisor del “perdonate vos” conoce del otro, piensa Andrés Letonia. Y de antemano la conoce y la conoció, siempre, y casi sin querer ahí, fue donde depositó todas las granadas cuando ya no hubo más nada que hiciera al menos humear lo que habían sido los dos juntos. Él y yo, piensa Andrés mientras escucha tardíamente pero con cuidado una canción de Charly García que justo canta “ni esta mentira te hace feliz”. 

Espacio reducido. Llagas sin amparo no taladrarán todos los aportes míos. Ya no tuyo. No atraeré ni asco le haré al lugar enjuto este venido desde lo propio como propio. No mudaré el corazón me diré. Ni se invocarán pestilentes. Ni mayores ni menores gustos. Ahora, de mí no se aparta el yo. Un decir, capaz, plenario.


Escuchás tu pensamiento y él escucha el suyo. Salvajes gritos. Pero no se lo dicen. Forastero, él permanece a tu lado. Vos lo notás. Él también. Igual, los dos, como que se están ahí, uno al lado del otro, siendo los dos ambos y cada uno al mismo tiempo, con los horizontes tan amplios como desmesurados. De vapor parecen.
“Hubiese querido escribirte una canción. Pero no se puede ser preciso en una canción. Lo auténtico es para una canción. Una canción de esas que sólo pueden ser queridas y sentidas y hasta porfiadas de forma y contenido por el sólo hecho de ser la junta de voz y música en un irremediable ventarrón que no hace otra cosa más que ir hacia donde sea pero ir. Que suben se siente a veces con esas canciones, que se accede y se participa de un contacto con algo que, pienso, desde hace siglos que venimos tratando de unificar lo disperso que es ése algo bajo todas las resonancias lumínicas. Siempre hay luces. Eso hubiese querido ser canción. Pero ahora soy otro”.

Se deja ir ante todo. Admite que sí. Admite que de vez en cuando, a raptos, a luciérnagas encendidas en frasquitos a través de algo admítese que podría ser un túnel, una caverna, un bosque, un exterior enorme, pero espeso. O un hueco interior. Admite que a veces tiene que admitir que no, que no nos damos cuenta de lo que los otros -sean estos unos u otros- dicen que saben tener. Lo de tener es mental y entrando en tema, y siguiendo una especie de lógica o convención sensorial, para que todo no se me siga haciendo nulo, piensa en pajearse pero no sabe si lo siente o lo piensa como algo que quiere hacer o como una ofrenda que el cuerpo decide expulsar y ofrecerle al mundo. Insolvencia sobre lo material. O para o en lo material fue lo que dijo el médico. Sobre las minucias y sobre lo otro, dijo, “que ni usted sabe qué es o de qué quiere hablarme cuando dice aquello de que usted dice apartarse de usted mismo”, dijo, “y no sé cuánto más usted dice, con adorno –no voy a negárselo-, pero insolvente”. “No se haga el audaz con usted mismo”, dijo el médico, “perecer no es tan grato”. La respiración es un problema mayor. Siempre habrá putos dejándose coger sin forro. Y a la intemperie.
“¿Qué vamos a hacer?”, preguntaste. “Pienso que acá el que lleva la bocha en ciertas cosas sos vos”, me dijiste, “en otras no”, seguiste, “pero para ir al punto que quiero llegar es preciso que sepas que esto es y no es un reproche. No tenemos ya nada para compartir. Asumo toda mi culpa, pero insisto”, me dijiste, “¿Qué vamos a hacer? ¿Saludarnos, fumar porro? A propósito: tengo flor). Cojer si hay ganas (de parte mía siempre las hay) dependiendo de la culeada o de la acabada es si hay o no pelea, al final, comemos si te quedás, si te vas podemos dar una vuelta por el centro como queriendo como arrancando todo de nuevo para después colapsarnos uno del otro camino a Montevideo y Corrientes, donde tomas el cole, te vas y yo me meto al ciber o me vengo a la pensión. ¿A qué? A relajarme y vos te vas a tu casa. Mi cabeza dice que no te quiero ver más”, me dijiste, “posta”. “No quiero que me veas salvo los viernes todo lo demás del cuerpo y de la cabeza (la cabeza también) dice lo contrario, es esto lo contrario lo que más peso da lo que más quiero creer es que sí te quiero ver y que sí me querés ver, que quiero y no quiero vernos. Mis besos no me gustan más antes sí te los daba te los daba y me salían”, apurado me dijiste. “Ahora salen por compromiso como para demostrarte que te quiero.  Sé que no te gustan mis besos.  No quiero verme más con vos. Quiero que me quieras y me doy cuenta que me querés y no me alcanza. No es que no me alcance tu cariño, no me alcanzo yo, no me basto. No estoy en condiciones de hacer ni pedir favor ni disculpas y es aquí donde como un bobo sí quiero verte pero sólo escucharte en la imaginación de tus palabras escritas, conformándome con lo escrito por ejemplo en los Putos breves porque otra cosa no me gusta, o con una palabra linda de tus mensajes de textos que al momento lo elimino porque no puedo creer que sólo me guste eso”, seguiste diciéndome, “no por vos, sino por mí, obvio”, terminaste de decir. A los dos meses me enteré de todo. Todo es un decir, nunca me propuse saberlo. Algunos tratamos de no profanarnos. Otros viajan, de Chile a Argentina por ejemplo. El resto, baila y piensa que es posible dar por válido todo esto. 
106 on Flickr.
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