Putos breves
ficción jedionda
Es un amontonamiento. Esto es lo que hoy te decimos y ya no vamos a entrar nunca más en detalles ni metafóricos ni alegoricos sobre el predicado del por qué siendo 4, sólo uno háblate. Estando aquí, desde esta habitación en nombre de los 4, yo, que a veces soy  como Michel Piccoli y a veces como Romy Schneider en ésa película infernal con la escena de la bañera, que soy a veces un latente reposo insoportable para vos, que a veces es Lit quien engendra un, por decirte, modernismo agricultor en tu cardiovascularidad, que soy como un vocero que sin serlo propiamente, hoy, sobre el amontonamiento de lo tuyo (tuyo) en cuanto y por cuanto, emocionalmente digamos, criás alacranes y soretes como estados que, te decimos desde la habitación, podrías dejar un rato y así, congregando de a poco la pronta desaparición de toda la pantomima de los putos cuyo evangelio es la pesca, mitigar la mentirosa formación de piedra caliza que te impusiste al decirte que ningún movimiento de la carne podrá ya elevarte de algún modo. Mariconadas de mariconas con la piel entre verde y amarilla, bayonetas que emiten sonido discontinuo escuchás a veces. Ahí no estamos nosotros. En el empadronamiento certero de tus reales suspiros estamos y no en el modo advervial “por desgracia”. Nosotros estamos más que seguros que Almodóvar le robó demasiado a Sirk, y que no te conviene radicalizar las consideraciones de los efluvios con aroma a calzoncillos usados y reducirlos a que éstos -hasta los que tienen palometas- no podrían, no podrán, no van a poder otra vez, ser una de las exigencias de un sustantivo futuro que, aunque participio del pasado, te haga, como se dice, inocente la angustia de los martes tuyos de este tiempo tuyo donde, nosotros, los cuatro que habitándote estamos, pensamos para responderte de alguna manera como ahora esta voz que escuchás lo está haciendo en nombre de tus cuatro habitantes. Una parábola se nos ocurrió al principio y nos sugerimos que quizás eso te ayudaría a sacudir los centros como ya hiciste con los costados. Pero uno de nosotros, el que puede pero no quiere hablarte, consideró una radical especie de esperanza imponerte en el cuerpo. Hallarás, entonces y en breve, un deslizamiento deliberado y muy acuoso que desde tu pecho irá a tu cintura y volverá al pecho, con vos ahí sintiendo un subtancioso, carnoso, henchido resplandor, como la verga que diste -al pedo- tantas veces por amor a descosidas locas que aún hoy siguen con el carretel privado de mugre, como quien dice, cumplidoras y fieles ojetudas que nada más encuentran en una acción de colmar el hoyo, la única posibilidad que tienen de que el vacío no las ahogue en la ignoracia de no saber que un vacío no sólo se usa para ser llenado, sino para, también, nivelar lo discontinuo de los sistemas respiratorios. Esto último es casi un argumento que sólo me pertence a mí y no al resto, que anda entretenido en broches, masticando un chicle ya inodoro, como Lit, que masca ruda macho todo el santo día. Pero, fervorosos y atentos los cuatro siempre estamos habitándote. A veces a pesar tuyo lo hacemos, tan inevitables como la carne que deseas tangible y tan liberados como una banda de globos. Uno de nosotros me dijo que te dijera: “Que jima como quien sonríe”.
  1. Es un amontonamiento. Esto es lo que hoy te decimos y ya no vamos a entrar nunca más en detalles ni metafóricos ni alegoricos sobre el predicado del por qué siendo 4, sólo uno háblate. Estando aquí, desde esta habitación en nombre de los 4, yo, que a veces soy  como Michel Piccoli y a veces como Romy Schneider en ésa película infernal con la escena de la bañera, que soy a veces un latente reposo insoportable para vos, que a veces es Lit quien engendra un, por decirte, modernismo agricultor en tu cardiovascularidad, que soy como un vocero que sin serlo propiamente, hoy, sobre el amontonamiento de lo tuyo (tuyo) en cuanto y por cuanto, emocionalmente digamos, criás alacranes y soretes como estados que, te decimos desde la habitación, podrías dejar un rato y así, congregando de a poco la pronta desaparición de toda la pantomima de los putos cuyo evangelio es la pesca, mitigar la mentirosa formación de piedra caliza que te impusiste al decirte que ningún movimiento de la carne podrá ya elevarte de algún modo. Mariconadas de mariconas con la piel entre verde y amarilla, bayonetas que emiten sonido discontinuo escuchás a veces. Ahí no estamos nosotros. En el empadronamiento certero de tus reales suspiros estamos y no en el modo advervial “por desgracia”. Nosotros estamos más que seguros que Almodóvar le robó demasiado a Sirk, y que no te conviene radicalizar las consideraciones de los efluvios con aroma a calzoncillos usados y reducirlos a que éstos -hasta los que tienen palometas- no podrían, no podrán, no van a poder otra vez, ser una de las exigencias de un sustantivo futuro que, aunque participio del pasado, te haga, como se dice, inocente la angustia de los martes tuyos de este tiempo tuyo donde, nosotros, los cuatro que habitándote estamos, pensamos para responderte de alguna manera como ahora esta voz que escuchás lo está haciendo en nombre de tus cuatro habitantes. Una parábola se nos ocurrió al principio y nos sugerimos que quizás eso te ayudaría a sacudir los centros como ya hiciste con los costados. Pero uno de nosotros, el que puede pero no quiere hablarte, consideró una radical especie de esperanza imponerte en el cuerpo. Hallarás, entonces y en breve, un deslizamiento deliberado y muy acuoso que desde tu pecho irá a tu cintura y volverá al pecho, con vos ahí sintiendo un subtancioso, carnoso, henchido resplandor, como la verga que diste -al pedo- tantas veces por amor a descosidas locas que aún hoy siguen con el carretel privado de mugre, como quien dice, cumplidoras y fieles ojetudas que nada más encuentran en una acción de colmar el hoyo, la única posibilidad que tienen de que el vacío no las ahogue en la ignoracia de no saber que un vacío no sólo se usa para ser llenado, sino para, también, nivelar lo discontinuo de los sistemas respiratorios. Esto último es casi un argumento que sólo me pertence a mí y no al resto, que anda entretenido en broches, masticando un chicle ya inodoro, como Lit, que masca ruda macho todo el santo día. Pero, fervorosos y atentos los cuatro siempre estamos habitándote. A veces a pesar tuyo lo hacemos, tan inevitables como la carne que deseas tangible y tan liberados como una banda de globos. Uno de nosotros me dijo que te dijera: “Que jima como quien sonríe”.

  1. 3 notasTimestamp: Miércoles 2012/02/01 11:21:57Source: putosbreves.blogspot.comespañolrelatos brevesspanishgayromyinfernalputolove
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